Inteligencia Artificial y deuda de diseño: el costo oculto de los atajos

En más de 20 años de proyectos de diseño, no me he encontrado con uno que no tenga restricciones, sobre todo de tiempo y de presupuesto. Diseñar un producto implica generalmente tomar decisiones que nos ayudan a cumplir cronogramas (usualmente apretados) y movernos dentro de presupuestos (siempre limitados). En principio, eso está bien. Es, de hecho, una de las habilidades que más se adquieren con la experiencia; un diseñador senior generalmente es más hábil para priorizar, programar su trabajo, medir esfuerzos, acelerar cuando se necesita, y recortar elementos innecesarios.

Sin embargo, a veces durante ese proceso, se toman atajos que inicialmente proyectamos como temporales, y frecuentemente terminan por permanecer en el tiempo.

“Hagámoslo así por ahora; más tarde lo mejoramos.”

La deuda de diseño

En los equipos de desarrollo se conoce un término, la “deuda técnica” (technical debt). Ward Cunningham, coautor del Manifiesto para el desarrollo ágil de software, se dio cuenta de que lanzar software demasiado rápido podía generar costos adicionales (intereses) después del lanzamiento. Empezó a usar la metáfora de la deuda para explicar este problema a sus socios. Aunque el equipo ahorrara tiempo al principio al desarrollar el software sin probarlo adecuadamente, más adelante la deuda volvería (con intereses).

Bueno, lo mismo sucede en la etapa de diseño. Por eso, se acuñó también el término “deuda de diseño” (design debt). Este se refiere a las consecuencias acumuladas de los atajos que tomamos los diseñadores para cumplir con plazos ajustados, recursos limitados o demandas de rápido escalamiento. Si bien estos atajos pueden generar beneficios inmediatos, a menudo dejan atrás inconsistencias, problemas de usabilidad y mayores costos de mantenimiento que aumentan con el tiempo. Algunos ejemplos de estos atajos son:

  • Iniciar un proyecto de diseño con suposiciones, en lugar de investigación
  • Exceso de características, especialmente sin considerar cómo interactúan entre sí
  • No trabajar en cada característica con el mismo cuidado
  • Transferencias abruptas entre diseño y desarrollo, donde los diseñadores no supervisan la implementación
  • No realizar pruebas de usuario antes de la implementación
  • No analizar el rendimiento del producto una vez lanzado
  • Ausencia de un sistema de diseño para estructurar el trabajo futuro
  • Copiar o reutilizar elementos diseñados por terceros sin adaptarlos adecuadamente
  • La lista sigue…

Estas decisiones, si bien pueden ser pragmáticas a corto plazo, suelen tener consecuencias después. Los atajos tomados se acumulan como problemas sin resolver, al igual que una deuda financiera. Los usuarios pagan el precio de esta deuda en forma de malas experiencias, mientras que las organizaciones soportan sus costos ocultos: mayor rotación de clientes, mayores gastos generales de soporte y ciclos de desarrollo futuros más lentos.

Un problema agravado por la IA

He visto en los últimos años cómo este problema ha aumentado por el uso extensivo de inteligencia artificial. De nuevo, con la intención de recortar tiempos y costos, tomamos atajos, y la madre de los atajos hoy en día es “diseñemos eso con IA”. No hay nada malo per se con usar IA en el proceso de diseño. De hecho, en Blaster la usamos mucho, pero se presta fácilmente para omisiones que acumulan deuda de diseño. Genera textos e imágenes que no resultan naturales, flujos de usuario ineficientes, reutiliza estilos que no son pertinentes para la marca y el usuario objetivo, entre mil otros problemas. Pero podemos caer fácilmente en el error de ver el trabajo completo y creer que funciona, y dejarlo así como está. No hacemos pruebas de usuario, o las hacemos con “usuarios sintéticos” (puedo escribir un artículo entero de lo inútiles que son). No hacemos validaciones suficientes, no involucramos expertos, no controlamos la calidad.

Que no parezca cantaleta…

Volvamos al principio. Tomar atajos no está mal. Ajustarse a cronogramas y presupuestos apretados es necesario. Lo que debemos hacer es ser conscientes de la deuda de diseño que vamos acumulando. Incluso, conviene dejarlo escrito, una especie de backlog. ¿No tuviste tiempo para investigar? Ok, apúntate esa. ¿No hiciste validaciones con usuarios? Apúntate esa también. Tarde o temprano lo vas a tener que hacer, y mientras tanto, al igual que la deuda, está acumulando interés. No está mal endeudarse de vez en cuando, pero las deudas al final siempre se pagan, de una manera o de otra. ¡No te dejes coger la noche!